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RESPIRAR EL OTOÑO EN EL BIERZO ES COMO VIVIR DOS VECES

 

No os lo vamos a negar. Nos gusta el otoño. Nos ilusiona la llegada de las estaciones, los cambios de temperatura y las variaciones de la iluminación. La búsqueda de nuevas ilusiones y el balance de la vendimia, de las cosechas que hemos trabajado y las que futuras que soñamos.

Las semanas avanzan sigilosas y dentro de nada llegará la Navidad y el comienzo de un nuevo año. Pero no nos anticipemos, vivamos el momento presente, la llegada del otoño que aún huele a verano. Da gusto salir a la calle, madrugar y sentir cómo el amanecer cautiva al viñedo. Las hojas se impregnan de la estacionalidad, de la merma de los días y las noches estrelladas en El Bierzo.

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Los vinos crecen en la bodega, los aromas impregnan cada recoveco entre los depósitos y las barricas. Respiramos los recuerdos, no se esconden. Es como vivir dos veces. Otra vez es otoño, la espera renovación anual previa a la parada invernal del campo.

El contraste cromático de la naturaleza, la aparición de tonalidades ocultas el resto del ciclo. Rojo, amarillo, anaranjado. Colores que toman el relevo de los verdes penetrantes de las hojas, de la expresión juvenil de las plantas, de su adolescencia.

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Llega el momento de reflexionar, de apostar por nuevos proyectos y mercados. Los viajes a otras ciudades, a otros países se acumulan en el calendario. Las personas que hemos conocido, desde que empezamos con el proyecto de nuestra bodega en El Bierzo, son parte de nuestra familia, de Peique, un apellido que nos sabe a otoño, a vendimia, a los lagares, a los vinos que hemos pensado, los que hemos creado y sobre todo, los que hemos compartido.

El Bierzo está deslumbrante durante la plenitud del año. Los pueblos huelen a pimientos asados, a castañas y a vino nuevo. Los magostos se convierten en fiestas populares, en la tradición de una comarca rica en agricultura. Pronto llegarán las setas y la gastronomía con plato de cuchara, la empanada de acelgas y el botillo.

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Pronto llegará el frío, durante las tardes de chimenea abriremos una botella de Viñedos Viejos y como un poema nos trasladaremos a otra estación, a otro hueco en el calendario. Aún no, aún nos resistiremos al invierno y viviremos en un otoño mágico.

Seremos parte inherente del paisaje, del patrimonio natural del Bierzo,  de las tardes de paseo por el viñedo, entre las vides coloridas, la Mencía y el Godello, la Garnacha Tintorera, y ese toque exótico que la estacionalidad otorga allá donde os encontréis.

 

 

 

 

 

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